WASHINGTON.— El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha matizado las expectativas sobre la brevedad de la incursión bélica en Irán, señalando que la operación podría dilatarse más allá del umbral de las cinco semanas. Pese a las proyecciones iniciales, el mandatario subrayó desde la Casa Blanca que Washington dispone de la capacidad operativa para sostener la intervención el tiempo que sea estrictamente necesario.
Tras el descabezamiento del régimen con el deceso del ayatolá Alí Jameneí, la hoja de ruta de la denominada operación Furia Épica entra en una fase de incertidumbre estratégica. El Pentágono, bajo la dirección de Pete Hegseth, insiste en que el objetivo no es el regime change, sino la neutralización de la capacidad balística y el programa nuclear de Teherán. No obstante, el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, ha advertido que la intervención se halla en su fase embrionaria, anticipando una posible guerra de desgaste y la asunción de bajas propias, tras el reciente deceso de cuatro efectivos en Kuwait.
Este endurecimiento de la retórica bélica sitúa a Trump en un escenario de riesgo electoral ante los comicios de mitad de mandato del 3 de noviembre, al contravenir su promesa de no injerencia en conflictos transoceánicos.
El Pentágono ante el espejo de Irak: ¿Guerra de precisión o conflicto interminable?
La sombra de la invasión de 2003 planea sobre el Despacho Oval. Aunque Donald Trump ha construido su narrativa política sobre el rechazo a las "guerras eternas", la operación 'Furia Épica' sitúa a su administración en una disyuntiva histórica. La gran pregunta que recorre los pasillos del Pentágono es si Washington puede decapitar un régimen sin verse forzado a una ocupación terrestre de escala continental.
La doctrina de Pete Hegseth: Neutralización técnica vs. Ocupación física y El riesgo operativo: El factor Kuwait y la asimetría regional
El optimismo inicial de la Casa Blanca ha chocado con la cruda realidad de la guerra asimétrica. El reciente ataque en Kuwait, que se cobró la vida de cuatro militares estadounidenses, demuestra que Irán, incluso con su liderazgo descabezado, mantiene una red de "proxies" y células durmientes capaces de golpear en puntos vulnerables.
El general Dan Caine ha sido tajante: la fase inicial ha concluido, pero la consolidación de objetivos requerirá un esfuerzo sostenido. El riesgo para Trump es que la "precisión" se convierta en "atrición" (desgaste), transformando una victoria táctica rápida en un fango logístico y humano justo antes de las elecciones de noviembre.
A diferencia de la estrategia de "boots on the ground" (botas sobre el terreno) empleada por George W. Bush, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, apuesta por la degradación selectiva. El objetivo declarado no es la reconstrucción nacional de Irán, sino la extirpación quirúrgica de sus capacidades estratégicas:
Aparato balístico: Desmantelar los silos de misiles Shahab y Sejjil.
Activos navales: Neutralizar la capacidad de bloqueo en el Estrecho de Ormuz.
Infraestructura nuclear: Retrasar décadas cualquier ambición atómica de Teherán. Esta "guerra de precisión" busca evitar el desgaste de una insurgencia urbana, pero los analistas europeos advierten que el vacío de poder dejado por el ayatolá Alí Jameneí rara vez se llena de forma pacífica o espontánea.
