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Chayote: el “superalimento” mesoamericano que gana espacio en la nutrición moderna

Más allá de su perfil culinario, el interés científico en torno al chayote ha aumentado debido a su alto contenido de micronutrientes, antioxidantes y compuestos bioactivos que podrían desempeñar un papel relevante en la prevención de diversas enfermedades crónicas.

Rico en antioxidantes, fibra y ácido fólico, este fruto —consumido como vegetal— emerge como un aliado natural para la salud cardiovascular, metabólica y celular.

En el creciente universo de la alimentación saludable, el chayote (Sechium edule) comienza a posicionarse como uno de los alimentos de mayor interés nutricional. Originario de México y perteneciente a la familia de las cucurbitáceas, este fruto de piel verde y textura ligeramente rugosa ha sido parte de la dieta tradicional mesoamericana durante siglos, aunque en muchos mercados internacionales todavía se le considera un producto relativamente novedoso.

Desde el punto de vista botánico, el chayote es una fruta, pero en la práctica gastronómica se utiliza como vegetal, similar a otras variedades de calabaza. Su pulpa de color verde pálido posee una textura crujiente cuando se consume cruda y se torna suave al cocinarse. Su sabor suave, fresco y ligeramente dulce —comparable al del pepino— lo convierte en un ingrediente versátil en la cocina saludable contemporánea.

Más allá de su perfil culinario, el interés científico en torno al chayote ha aumentado debido a su alto contenido de micronutrientes, antioxidantes y compuestos bioactivos que podrían desempeñar un papel relevante en la prevención de diversas enfermedades crónicas.

Un aporte clave de ácido fólico

Uno de los nutrientes más destacados del chayote es el ácido fólico (vitamina B9), esencial para el desarrollo celular y especialmente importante durante el embarazo.

Especialistas en nutrición señalan que el folato es fundamental para la formación del cerebro y la médula espinal del feto, además de contribuir a la prevención de defectos del tubo neural y partos prematuros.

Un solo chayote de tamaño mediano aporta aproximadamente 189 microgramos de folato, lo que representa cerca del 47 % de la ingesta diaria recomendada para un adulto.

Beneficios para la salud hepática

Investigaciones recientes han identificado en el chayote compuestos fitoquímicos capaces de ayudar a prevenir la acumulación de grasa en el hígado, un factor asociado a la enfermedad conocida como hígado graso no alcohólico.

Los estudios sugieren que su consumo puede contribuir a reducir los depósitos de ácidos grasos en el tejido hepático, al tiempo que ayuda a disminuir los niveles de colesterol en la sangre y mejora la capacidad metabólica del organismo para procesar lípidos.

Aliado natural del corazón

El chayote también ha despertado el interés de la comunidad científica por sus posibles beneficios cardiovasculares.

Investigadores han identificado fitoquímicos capaces de mejorar la circulación sanguínea y favorecer la reducción de la presión arterial, lo que respalda su uso en la medicina tradicional mexicana para tratar afecciones del corazón.

Además, este alimento contiene antioxidantes como la miricetina, un compuesto que ayuda a:

  • Reducir el colesterol
  • Disminuir la inflamación
  • Neutralizar los radicales libres

Estos efectos contribuyen a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer.

Regulación de la glucosa en sangre

Desde el punto de vista metabólico, el chayote presenta una combinación nutricional particularmente favorable: bajo contenido de carbohidratos y alto aporte de fibra dietética.

Esta característica permite:

  • Mantener niveles estables de glucosa en sangre
  • Prolongar la sensación de saciedad
  • Reducir la absorción rápida de azúcares

Investigaciones adicionales han identificado compuestos en el chayote que podrían aumentar la sensibilidad a la insulina, un factor clave para las personas que padecen diabetes tipo 2, ya que facilita el control de la glucemia.

Un alimento que favorece el envejecimiento saludable

El envejecimiento celular está estrechamente relacionado con procesos como la inflamación crónica y el estrés oxidativo. En este contexto, el chayote podría desempeñar un papel protector.

Estudios científicos han demostrado que su consumo puede contribuir a reducir indicadores asociados al síndrome metabólico, una condición vinculada al deterioro cognitivo y la fragilidad en adultos mayores.

Su contenido de vitamina C y antioxidantes también ayuda a proteger las células del daño oxidativo y a disminuir algunos signos visibles del envejecimiento.

Perfil nutricional

El chayote destaca por su bajo contenido calórico y alta densidad nutricional, lo que lo convierte en un alimento ideal dentro de dietas equilibradas.

Nutrientes por chayote mediano

  • Calorías: 39
  • Fibra: 3 gramos
  • Grasas: 0 gramos
  • Sodio: 4 miligramos
  • Colesterol: 0 gramos
  • Carbohidratos: 9 gramos
  • Proteínas: 2 gramos

También aporta vitaminas y minerales esenciales como:

  • Vitamina C
  • Ácido fólico
  • Vitamina K
  • Vitamina B6
  • Manganeso
  • Cobre
  • Zinc

En menores proporciones contiene calcio y hierro.

Un ingrediente versátil en la cocina

Aunque botánicamente es una fruta, el chayote se prepara de forma similar a los vegetales. Su versatilidad culinaria permite incorporarlo en múltiples recetas.

Entre las formas más comunes de consumirlo destacan:

  • Crudo, en rodajas o cubos, como el pepino o el apio.
  • En ensaladas de vegetales o frutas.
  • Cocido al vapor o hervido, como otras calabazas.
  • Salteado, asado o guisado, en sopas y estofados.
  • Preparado con tomate, chile y frijoles, en platos tradicionales.

Un alimento tradicional con proyección global

Aunque el chayote se cultiva en varias regiones de América y en algunos estados del sur de Estados Unidos —como California y Florida—, su consumo todavía está en proceso de expansión en mercados internacionales.

Sin embargo, en un contexto donde los consumidores buscan alimentos naturales, funcionales y ricos en nutrientes, este fruto mesoamericano podría consolidarse como uno de los ingredientes emergentes de la nutrición moderna.

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